Con apenas 22 años, Florencia Andersen se ha convertido en una de las voces más frescas y respetadas en las transmisiones de Fórmula 1 en Fox Sports. Su historia no es común: empezó a comentar Grandes Premios sin haberse recibido aún de periodista deportiva. “Era un vértigo terrible”, reconoce. “Pensá que me decían ‘1, 2, 3, estamos al aire’ y yo todavía me preguntaba si realmente estaba preparada. Estaba al lado de Adrián Puente, que es la persona que más sabe de F1 en el país. Todo el mundo querría estar ahí, pero también había que estar a la altura”.
Su pasión por la F1 nació por influencia de su padre, con quien miraba las carreras desde chica. Aunque al principio solo le llamaban la atención los colores de los autos –“me acuerdo de la Ferrari roja, la McLaren naranja”–, fue recién en 2014, cuando comenzó la era híbrida, que se enamoró verdaderamente del deporte. “Siempre fui muy del deporte en general, y llegó un punto en que no podía dejar de levantarme a las 8 o 9 de la mañana para ver las carreras. Si tenía un cumpleaños a la noche y el GP de Australia era a las 2 AM, me iba antes porque tenía que verlo sí o sí”. Ese fanatismo se transformó en conocimiento, y luego en oficio. Andersen explica que parte de su trabajo es estudiar mucho antes de cada carrera: revisar estadísticas, repasar lo que pasó el año anterior en ese circuito, leer los informes técnicos que la F1 envía con detalles sobre longitud, tipo de curvas, y hasta actualizaciones de cada monoplaza. “Hay que aprender a filtrar esa información, porque mientras se corre, no podés dejar de mirar la pista. Es como comentar un partido de fútbol y estar todo el tiempo viendo estadísticas. En F1 pasa de todo: bandera roja, safety car, un piloto que se pega, otro que hace un undercut. Hay que estar todo el tiempo atento”.
La llegada de Colapinto y un nuevo público
El desembarco de Franco Colapinto en la órbita de la Fórmula 1 marcó un cambio de paradigma en las transmisiones. “Fue un desafío enorme. Apareció un público nuevo que no sabía lo que era un neumático blando, ni lo que era un undercut. Había que explicarlo sin aburrir al que ya lo sabía. Adrián lo manejó muy bien en Telemétrico, y eso nos permitió crecer”. La nota con Colapinto, transmitida por streaming, generó un impacto inesperado. “No sé si nos cambió la vida, pero sí fue un punto de quiebre. De repente pasamos de hacer media hora de previa a hacer tres horas. Fue una locura, pero también una oportunidad de demostrar que se podía hablar de F1 en serio y con pasión”.
Con esa exposición también llegaron cosas buenas y malas. “Empezaron a escribirme muchas chicas jóvenes diciéndome que se querían anotar en periodismo deportivo gracias a mí. Fue hermoso. También hubo críticas, como pasa siempre que te ve más gente. Pero me quedo con lo bueno, con que muchas mujeres se sintieron identificadas. Yo también fui esa chica que miraba la tele y pensaba ‘ojalá algún día pueda estar ahí’”.
Una carrera sin freno
Florencia abandonó la carrera de Derecho para dedicarse de lleno al periodismo, aunque llegó a cursar casi la mitad. “Mi papá me decía ‘no dejes Derecho’, pero no podía hacer las dos cosas. Dormía tres horas por día cuando estaba en México, y aún así me iba al circuito a las cinco de la mañana, aunque no pasara nada. Solo quería estar ahí”. También destaca el avance de las mujeres en roles clave dentro de los equipos: “Hoy hay ingenieras que deciden estrategias. El equipo se está jugando una victoria, y quien decide es una mujer. Eso está cambiando, y es espectacular”.
Para quienes aún no entienden qué le atrae tanto de la F1, recomienda la película *Rush*: “Es una buena puerta de entrada. Muestra la adrenalina, la rivalidad, todo eso que te atrapa”. Andersen no cree que comentar automovilismo esté relacionado con saber manejar bien, pero sí con entender qué está pasando en pista. “Una vez me subí con un piloto profesional en un McLaren en Miami y llegamos a casi 300 km/h. Era una locura. Entendí desde otro lugar lo que es estar ahí adentro”.
Florencia Andersen representa esa mezcla perfecta de pasión, talento y trabajo que inspira a nuevas generaciones. Lo suyo no es una cuota de género ni un golpe de suerte. Es el resultado de estar preparada cuando llegó la oportunidad. Y, como dice ella misma, “si estoy acá, es por algo”.


